Dicen que en este local hubo antiguamente una fábrica de chocolate.


En 1908 nació Nicolás Fernández Alonso. Su padre, también Nicolás, regentaba un colmado en el número 28 de la Calle Mayor y para atraer a su clientela instaló allí un cartel que decía: «Tengo un niño chiquitín que se llama Nicolás. Si le quieres conocer, sube arriba y le verás. No dejéis de visitarme, medineses. Os aprecio. Junto al Arco de la Cadena he establecido el comercio».

En los años treinta del siglo pasado aquel colmado pasó a convertirse en el Café Universal, que conservó su arquitectura racionalista y neoclásica hasta su cierre definitivo en 2011, habiendo funcionado como café-bar cerca de 80 años. Alguna de nuestra socias más veteranas conservan memoria de los espectáculos de cantantes y de varietés que se celebraban en el mismo antes de la guerra.

La Asociación Ateneo Café Universal quiere volver a dar vida a este lugar «emblemático», símbolo y representación de tantos añorados locales y actividades de la calle mayor: La Isla de Cuba, el café Quintana.. y convertirlo en un Ateneo, centro cultural y social que «los vecinos sientan como un espacio de todos» y que sea una semilla para la recuperación del Casco Histórico.
Para ello, ha habido que adaptarlo, eliminando algunos elementos y conservando otros que nos pareció que merecían la pena.
La primera decisión que nos costó tomar fue qué hacer con la barra del bar tras la que seguíamos viendo a Toñín, o Tarzán como más os guste. Después de muchas consideraciones, ganó la idea de eliminarla para ganar espacio y para recuperar el valor de cristalera derecha que de otra forma quedaba totalmente anulada.

Las columnas de hierro interiores, nos pareció un elemento a destacar. Algún visitante ha comentado que proceden de desguace de algún barco. No sabemos. Cada una es de un tamaño y tenían infinidad de capas de pintura. Han sido trabajosamente cepilladas y pintadas con poliuretano «manchado» con polvo de grafito. Y lo mismo las columnas de forja de la fachada.

El baño, era un espacio minúsculo que ocupaba justo lo ancho del muro de la casa. En realidad de la antigua muralla de Medina. Lo hemos ensanchado unos centímetros hacia el interior del local y aunque hay quien dice añorar, suponemos que en broma, aquel cagadero de pié, hemos puesto un suelo y un sanitario más higiénicos y acorde con los tiempos, conservando los azulejos originales con sus dibujos; también se ha conservado a efectos decorativos el pequeño lavabo empotrado en la pared. La «mampara» que delimita la zona del baño separándola del escenario, es la trasera del armario-botellero del bar.

La tarima, aunque está algo deteriorada en algunos puntos, en general está en bastante buen estado, y si ha durado cien años, pensamos que bien podrá con unos cuantos más.
Se ha renovado el sistema eléctrico, empleando la mayor parte de los escasos recursos que teníamos en la iluminación de la «galería de exposiciones». Precisamente al otro lado de esta pared, en la casa que fué del alcaide, está la habitación en la que según la tradición pernoctó Carlos I en su viaje a Yuste.
Finalmente se han puesto cristales aislantes y de seguridad, y se han eliminado las persianas colocando la verja de la entrada. Con esto, un pequeño escenario, unos altavoces y varias manos de pintura hemos obtenido como resultado lo que hoy podemos ver.
Hemos contado con recursos provenientes de donaciones de material y alguna donación económica, los obtenidos con rifas y loterías, y las cuotas de los socios, que emplearemos en el alquiler y mantenimiento del local, y sobre todo, la gran labor de los voluntarios que han empleado muchas horas de su tiempo libre en El Ateneo. No nombramos a nadie. Todos sabéis quienes sois.
Mención especial a la persona que donó el piano. Nuevo, flamante, a estrenar.

«Y ahora hay que llenarlo de actividades y de contenido»

Abril 2017. La Junta Directiva


En 2018 compramos una estufa de «pellets» para poder sobrevivir en invierno, y en 2019, mas desahogados económicamente, hemos encargado reforzar la tarima en las zonas que fueron desagüe del mostrador, cepillar todo el suelo y darle un barniz al agua para recuperar lo que sería su tono original. Persisten en la madera las marcas de colillas, recuerdo de otras épocas. El escalón de la entrada tiene un fuerte desgaste que no queremos reparar.
También en 2019 hemos adquirido y recuperado el mueble-cajonera que se puede ver en el lado derecho, y que proviene del antiguo comercio «Galerías Gonzalo», situado en la subida de las escaleras de la iglesia.

Abril-2020